Abril 27, 2026

¿Cuántas veces, Cristo mío, hemos sido nosotros las espinas?, de José Amador Martín

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El pasado 6 de abril se celebró el X Encuentro Cristiano de Literatura, en un acto realizado en el Aula Magna de la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca.

Este encuentro, organizado por la Asociación Cultural  Evangélica Jorge Borrow, contó con el apoyo de TIBERÍADES, Red Iberoamericana de Poetas y Críticos Literarios Cristianos.

Aquí uno de los poemas presentados para el Encuentro, donde también se hizo entrega del Premio Jorge Borrow de Difusión Bíblica 2019 a José Luis Andavert.

Es obra del poeta y fotógrafo salmantino José Amador Martín, director de la revista literaria digital Crear en Salamanca (A. P. A.)

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¿CUÁNTAS VECES, CRISTO MÍO, HEMOS SIDO NOSOTROS LAS ESPINAS?

¿Qué es la luz cuando oscurece la tarde y, perdidos,

nos aferramos a nuestro deseo último?

¿Estamos hechos, acaso, de esa luz que se agota

cual candela en el reino de la indiferencia?

¿Es acaso la espina de la Luz la que nos desgarra el alma,

la que nos vence?,

¿o un rosario de ausencias sobre el alma que nos devuelve

a nuestro tiempo de sombras…?

¿Es la Luz tu cara ensangrentada, la Luz de un  hombre

vencido de dolor, en la cima del orbe?

A tu luz, nuestro cuerpo de sombra, se nos muestra desnudo,

lleno de las espinas del desamparo.

¿Qué es la sombra? la espina de la falta de luz,

de los ojos cegados, del temor a la nada?

¿Los ojos del asombro cuando todo se escapa?

¿Tu cara ensangrentada en la cima del  Hombre?

¿0 un tiempo tendido de jardines marchitos, un rosario

de ausencias cuando todo está escrito?

Quiero encontrar al hombre en la cima del dolor,

al hombre sufriente que de rey fue coronado,

esa cima del dolor, interrogante, más allá de ser Dios,

más allá de ser hombre, al hombre en qué habitamos,

al hombre  que habita en las infinitas cloacas del espanto,

aquel que muere y enterramos cada día,

al hombre que somos en el triunfo y el fracaso,

Hombre coronado como rey y como esclavo

sobre el dolor de todos los humanos…

imageFoto de José Amador Martín.

En tu imagen el sufrimiento es la espina diaria del dolor

incardinado en tu cuerpo, dolor que nos redime,

Jesús de ayer y ahora, vino que apuramos en nuestra noche oscura

que se puebla de fantasmas y temores, el hombre que somos

en el rostro que nos duplica en el espejo, el encarnado

en las vértebras y en los corazones que resucitarán algún día

cuando sean dados todos los abrazos que no pudimos dar,

en la memoria de los gestos.

La cima del dolor es una pregunta inquisitiva

alzada al cielo desde el peso del madero sangrante y doloroso,

la suma de todo lo que nos atañe más allá de los días

con sus dioses circulando y asentándose en altares,

deshaciéndose en oros y monedas.

¿Dónde habitas, Cristo nuestro, dónde está tu primera

y última pregunta, dónde tu corona de Rey?

La corona que es  gloria e Infierno, humillación

y cielo de los hombres.

La espina de la justicia nos dice que tenemos una ley

y según ella debe morir el hombre.

Aquí está el hombre, Jesús rendido y coronado de espinas,

objeto de burlas… un fantoche, un gusano.

Aquel gusano tronchado y medio muerto… ¿Donde está el Rey?

Acaso en el amor, rendido a la voluntad del Padre

y al amor incondicional a cada uno de nosotros.

Sin entenderlo, en la espina de la Misericordia,

Cristo reconstruye lo que los hombres destrozan con sus actos.

¿Cuántas veces, Cristo mío, hemos sido nosotros las espinas?

¿Cuántas, mi Dios y mi Rey?

imageFoto de José Amador Martín.

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Pacifico Comunicaciones

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