
Devastación y dolor ha dejado la gran inundación
repentina que azotó un valle entre la frontera de Nepal y el Tíbet
(China). Las escenas de la tragedia fueron terribles, y
más aún las consecuencias que esta produjo; comunidades esteras
desaparecidas y miles de personas que lloran a sus muertos,
y con la angustia de no saber nada de un familiar
desaparecido.
El panorama de aquella región es desoladora; donde hubo
vida y vivencia, ahora hay solo barro y escombros. En esa
circunstancias, miles de rescatistas continúan la búsqueda de
víctimas, recuperado cadáveres y milagrosamente a algunos
sobrevivientes.
Otro equipo de rescatistas nepalíes se centran en varias
centrales hidroeléctricas gravemente dañadas por el lodo y los
escombros. Se cree que cientos de trabajadores están atrapados en
varios túneles en las instalaciones ubicadas en la cordillera del
Himalaya. Las operaciones se han visto obstaculizadas por la
crecida del agua y las inclemencias del tiempo.
En la zona de China afectada por el desastre, un equipo de rescate llegó por primera vez al complejo fronterizo de Gyirong, un edificio de varios pisos que quedó completamente arrasado.
Otro grupo de rescatistas trabajan para reabrir una carretera de acceso clave que permita el paso de maquinaria pesada. Sin embargo, el riesgo de nuevos deslizamientos de tierra e inundaciones dificulta las labores. Se pronostican más lluvias en la región para los próximos días.
Los equipos de búsqueda y rescate de ambos países(Nepal y
China), han estado recorriendo la región en busca de víctimas y
personas desaparecidas, pero los esfuerzos han resultado
difíciles ya que muchas carreteras y puentes también han
resultado dañados debido a las inundaciones.
Una avalancha de lodo y rocas arrasando a su paso, comunidades enteras, edificios, carreteras y vehículos, mientras las personas huían del rápido avance de las corrientes del río en la región de Nuwakot.
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