Octubre 30, 2026

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Tras la resaca de la campaña electoral, se lamentaba Juan Manuel de Prada en ABC de que “los españolitos se disponían a elegir al demagogo de izquierdas o derechas que los apaciente”. Me llama la atención el escepticismo del intelectual católico más conocido por su oposición al aborto, en contraste con el ingenuo entusiasmo de algunos evangélicos por ese partido que ha hecho de ello su bandera, para atraer al electorado religioso que hace de esto su decisión de voto. 

La verdad es que el nuevo populismo conservador no ha cambiado todavía nada la legislación en ese tema, allá donde ha triunfado, pero ciertos grupos siguen siendo fácilmente manipulables, si les dices lo que quieren oír. De eso trata la novela en que se basa la película sobre la perfecta demagogia de El político (1949) populista, Todos los hombres del rey de Robert Penn Warren (1905-1989) –reeditado por Anagrama, a propósito de la nueva versión del filme que hizo Sean Penn–.  

imageLa novela en que se basa la película El político de 1949 muestra el engaño de la demagogia del populismo.

Leer estas oscuras páginas puede parecer un ejercicio de cinismo, pero este libro ha abierto los ojos a varias generaciones sobre la ambición que hay detrás del populismo. La realidad humana que palpita detrás de esta sobrecogedora historia de decepción nos desvela los entresijos del alma humana, habitada por pasiones –tanto admirables como vergonzosas, nobles como villanas, altruistas como egomaníacas–. Esa realidad contradictoria que compone ese inmenso rompecabezas de lo que somos.

LA GRAN NOVELA AMERICANA

El personaje de Willie Talos, conocido popularmente como ‘The Boss’ (El Jefe) está supuestamente inspirado en un gobernador de Louisiana, Huey Long, que fue senador en Estados Unidos a mediados de los años 30. Su historia la cuenta Jack Burden, un historiador convertido en periodista político que se hace la mano derecha de Talos. Sus vidas se entrelazan en el relato de una desilusión que ha inspirado obras como la anónima Primary Colors –llevada maravillosamente al cine por Mike Nichols con John Travolta y Emma Thompson emulando a los Clinton, en la crónica del desengaño del nieto de un luchador afroamericano por los derechos civiles–, que llama a su presidente con el mismo nombre que el gobernador al que sucede Talos: Stanton.

imageEl título español fue una imposición del franquismo, que manipuló esta película, ganadora de dos Oscar por la interpretación de la pareja protagonista, Broderick Crawford y Mercedes McCambridge.

La versión que tan bien traduce Francesc Roca está basada en una edición restaurada que ha hecho Noel Polk de la novela de 1946. En ella vuelve al texto manuscrito de Warren, que llama a su personaje Talos, en vez de Stark –como aparece en las versiones cinematográfica que ha hecho Rossen en 1949 y Zaillian el 2006–. Su título viene de una rima infantil, pero hace sobre todo referencia al eslogan de Long, Cada Hombre es un Rey. Las dos películas se llaman igual que el libro, pero la primera tenía otro título en España: El político. Su nombre fue una imposición del franquismo, que manipuló esta película, ganadora de dos Oscar por la interpretación de la pareja protagonista (Broderick Crawford y Mercedes McCambridge).

La evolución del personaje se ve en la novela en episodios como cuando al principio no consigue que se modifique un proyecto para construir un colegio. Todavía no es consciente del enorme poder que pueden llegar a tener quienes sacan a la luz la despreocupación y demagogia de los políticos. Entonces lo único que parece importarle es el pueblo, porque se siente parte de él. Pero en cuanto los hechos le dan la razón y mueren varios niños por culpa de la negligencia de los que diseñaron y mandaron construir este centro educativo, su popularidad se dispara y asume el papel de mesías, que le ofrecen las circunstancias.

HISTORIA DE UNA DECEPCIÓN

El Jefe no tenía hasta entonces nada de autoritario. Era un abogado idealista y débil candidato a gobernador. Casado, honesto y abstemio, sus nuevas responsabilidades le hacen cambiar. Esta transformación radical le convierte en un personaje carismático, extraordinariamente poderoso. El camino de la corrupción va acompañado de una extraña sinceridad, que le hace verdaderamente temible por su enorme capacidad de seducción. Las versiones cinematográficas no profundizan tanto en el aspecto psicológico, como en las escenas de masas, que Rossen rueda con extraordinaria fuerza y realismo. Zaillian intenta imitarlo al rodearlo continuamente de gente, capaz de provocar continuos conflictos dramáticos.

En la novela, Burden acompaña con su asesoramiento legal al personaje de Talos, en una serie de trapisondas tan indecorosas, que se convierte en todo un experto de submarinismo de alcantarillas. Tal máquina de poder, basada en el patrocinio y la intimidación, le lleva a tapiar sus sentimientos bajo una coraza de cinismo, cuando en otro tiempo vibraba de amor y buenas intenciones. Su andadura política le convierte en un mamporrero de las faenas más sucias. Los protagonistas se ven así enroscados en una dinámica que hace que padres e hijos luchen y conspiren entre sí, amigos deseen a la misma mujer y hermanos se enfrenten en sus opiniones respecto a otro.

imageNo hay sistema político, por lo tanto, ni autoridad, libre de los efectos del mal.

El enfoque de esta historia es evidentemente moral. Los manipuladores son manipulados. La gente con principios que abraza la corrupción, recibe a la postre el castigo que merece por sus crímenes. Su final sirve de expiación y catarsis. Todos los hombres del rey es un relato sobre la pérdida, la traición y el arrepentimiento. El supuesto pesimismo de Warren no es por lo tanto más que un reflejo de nuestra capacidad de autoengaño. Nuestras más mezquinas ambiciones se mezclan con los mejores sentimientos en una confusión tal, que ya no sabemos quiénes somos.

¿ES EL PODER EL QUE CORROMPE?

Según la famosa frase de Lord Acton, si “el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente”. La democracia se ve así, como el mejor antídoto a la capacidad corruptora del poder. Es evidente que la detentación de poder suele degenerar en abuso del poder, pero esa tentación puede florecer en cualquier forma de gobierno. La clave está en la condición moral de quien lo detenta. Por eso Platón consideraba la aristocracia como la mejor forma de gobierno, presuponiendo que los aristoi (literalmente, los mejores) eran personas nobles y sabias.

La división de poderes de la democracia anglosajona está indudablemente influida por el principio puritano de la depravación total del hombre. Esta doctrina, que a menudo se ha tachado de excesivamente pesimista, corresponde sin embargo a la visión realista del hombre que tiene la Biblia. La visión reformada de la depravación total del hombre no significa que el hombre sea tan malo como pudiera ser; si no que no hay aspecto de la vida humana que esté libre de corrupción. A diferencia del catolicismo-romano, los reformadores mantienen que no hay mente, corazón o conciencia, libre de los efectos de la corrupción, que la Escritura llama pecado.

No hay sistema político, por lo tanto, ni autoridad, libre de los efectos del mal. El mejor gobernante no es entonces quien tiene los mejores sentimientos para con sus semejantes, sino quien, conociendo las miserias humanas, trabaja por el bien y la justicia que vienen por esa gracia común que se muestra para con todos los hombres. Jesús dice que “su Padre hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:45). No se trata aquí del bien merecido, si no del rechazo a la injusticia. Por eso “el príncipe falto de entendimiento multiplicará la extorsión; más el que aborrece la avaricia prolongará sus días′ (Proverbio 28:16).

imageEs el relato de una desilusión que ha inspirado obras como la anónima Primary Colors.

¿SIERVOS O REYES?

Pablo habla de los ministros del Estado como “siervos de Dios para hacer lo bueno” (Romanos 13:4). Lo sorprendente es que no está hablando de judíos o cristianos, si no de oficiales romanos paganos. Dios ha instituido el Estado para mantener la ley, el orden, la justicia y el bien. “Lo bueno” implica, por lo tanto, la búsqueda de una protección y un bienestar para todos. La política es ciertamente un juego de poder, pero también una esfera para servir a Dios y a los hombres.

Los evangélicos hoy ya no tienen tantos prejuicios como antes, para entrar en política. El problema es que se mantiene un espíritu de cruzada, que hace que muchos de los que amamos la Biblia seamos conocidos por nuestra hambre de autoridad para imponer las leyes de Dios a todos los hombres. Pero en una democracia no se puede gobernar, independientemente de la opinión pública. La búsqueda de consenso y la práctica de persuasión tienen que ser una prioridad para los cristianos que quieran servir a esta sociedad.

Los grupos de poder, como los dirigentes autoritarios intentan conseguir y usar su poder, sin el apoyo público. Pero lo que provocan es la oposición y el terror, pudiendo gobernar durante muy poco tiempo. La democracia expresa el valor divino de la dignidad que todos tenemos como individuos. Nuestro poder, sin embargo, ha de ser limitado. En una sociedad filosófica y religiosamente pluralista como la nuestra, el proceso democrático se basa en el consentimiento y la solución de conflictos.

¿TRAICIÓN O TÉRMINO MEDIO?

La política consiste en llegar a acuerdos. Buscar el término medio no es abandonar tus principios, sino estar dispuestos de forma realista a aceptar un mal menor, cuando no podemos conseguir todo el bien que buscamos. Perder y ganar es una señal de madurez política. Las decisiones políticas son tremendamente complejas y suponen siempre cierta controversia. Las valoraciones, prioridades y opiniones sobre los resultados a largo o corto plazo, serán siempre diferentes. No es fácil calcular las consecuencias, sobre todo cuando son involuntarias.

imageEl supuesto pesimismo de Warren no es más que un reflejo de nuestra capacidad de autoengaño.

En política hay que escoger a menudo entre varios males. Elegir el mal menor no es sacrificar nuestros principios. La sabiduría que nos muestra Salomón en el Primer Libro de Reyes, capítulo 3, se muestra en poder actuar creativamente ante los desafíos a los que nos enfrentamos. En política no hay muchos blancos y negros. Hace falta cierta flexibilidad para poder gobernar.

Es evidente que la política es un juego de poder, que es a menudo dominado por la envidia, el odio, la malicia y la hipocresía. El problema no está sin embargo en el poder, sino en el corazón del hombre. Jesús nos enseña que lo que contamina al hombre, no viene de fuera, si no de dentro de nosotros (Mateo 5:18). Por eso Salomón nos llama a guardar nuestro corazón (Proverbio 4:23). No porque sea inmaculado e inocente, si no “porque de él mana la vida”. La solución para nuestros problemas no está, por lo tanto en el poder, sino en “un nuevo corazón”. Y eso no nos lo dan las leyes, si no el Espíritu de Dios.

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¿Qué hacemos los creyentes, los seguidores del Maestro, ante los que están muriendo la vida? Hay muchos en el mundo que están muriendo la vida o, lo que es lo mismo, viviendo en el no ser, en el reino de la muerte que también se da en la vida, la infravida, en el sufrir la vida, en el no saber lo que puede significar lo que es vivir la vida con cierta plenitud. Morir la vida lentamente en medio de la indignidad es la tarea a la que muchos han sido condenados por sus propios congéneres. 

Es verdad que nadie elige vivir la vida, nadie decide libremente nacer, pero nacen, quizás, no para vivir la vida, sino para morirla. Y lo importante es esto: no mueren la vida por causas naturales, sino por el egoísmo, la acumulación desmedida de bienes, el robo, la injusticia y el desigual reparto de los recursos del planeta tierra que, en algunos caso, reduce a muchos al hambre. Más de mil millones de hambrientos en el mundo, y millones y millones que la sufren en pobreza severa y, también, robados de dignidad por aquellos autoconsiderados dignos.

¡Terrible expresión la de morir la vida! Es verdad que muchos de los que muere la vida pueden ser cristianos, pero lo más negativo y horroroso es que la mueren ante millones y millones que se confiesan seguidores del Maestro, los creyentes. Terrible, también, que puedan morir la vida, vivir en el no ser de la pobreza y del sufrimiento, ante la mirada indiferente de tantos y tantos religiosos que habitan las iglesias. 

¡No! No quiero crear mala conciencia, pero sí dar un aldabonazo en los corazones de aquellos que, quizás, sin saberlo o viviendo este escándalo con indiferencia, puedan hacer algo para acercar la justicia al mundo, para acercar los valores del Reino que irrumpen en nuestra historia con el nacimiento de Jesús, y que se nos dejan como contravalores en un mundo injusto.

Para muchos, esos y esas que mueren la vida, niños, hombres, mujeres y ancianos, es de risa el que alguien les pueda hablar de calidad de vida, menos aún de projimidad, de amor al prójimo en defensa de la vida… ¡si la están muriendo, si, a veces, no tienen ni siquiera cantidad de vida! Sí, muchos tienen poco recorrido en ese morir la vida. El hambre, la ausencia de vivienda, el frío y el no saber lo que es una mínima cualificación. Nadie les ha enseñado habilidades en cuanto a recursos profesionales. 

Pero no es sólo el hambre y la pobreza, sino todo lo que esto lleva aparejado consigo: Muchos mueren por enfermedades curables, por falta de medicinas, de vacunas, de agua potable o por falta de higiene en un mundo en donde estos problemas podrían ser obviados. Muchos mueren lentamente la vida, porque hay otros que se la niegan. La vida opípara de muchos es la infravida de otros que nacen para morirla. ¡Benditos todos aquellos que morís la vida! Muchos de vosotros seréis algún día, bienaventurados para siempre.

Quizás no matamos directamente, pero dejamos morir. No hay tanta diferencia. Es, simplemente, caer en el pecado de omisión de la ayuda que nos separa de Dios. No nos lavemos las manos como hizo un Pilatos que quería lavar su conciencia ante la muerte del justo. Nos podemos lavar las manos, pero nuestra conciencia intentará seguir interpelándonos.

Quizás, ante la indiferencia, ante la omisión de la ayuda que hace que tantos y tantos seres humanos estén muriendo la vida, nos suene la pregunta que hicieron a Caín, el asesino de su hermano: ¿Dónde está tu hermano? Y claro. Debemos tener cuidado para que la respuesta del mundo hoy, incluidos la del mundo cristiano con sus honrosas excepciones, no sea la misma, la de la muerte, la de la falta de amor al prójimo, la del egoísmo que da la espalda ante el gran escándalo que es el mundo de los que mueren la vida. Algunos, si son enfrentados con esta dura realidad, podrían aún responder la pregunta impregnada de muerte, esa que, simplemente, dice con indiferencia que no sabe, que él no es al guarda de su hermano.

Plántate un día y reflexiona. Mira a aquellos que están muriendo la vida. Los puedes ver al lado de tu casa, cuando viajas a los países pobres o, simplemente, cuando los ves a través de los medios de comunicación que son sumamente generosos mostrando la vida de aquellos que la mueren ante los ojos indiferentes de muchos, incluidos muchos de los cristianos. Sin embargo, con mucho respeto, damos gracias a Dios por aquellos que su fe les lleva a denunciar, a clamar por justicia, a vivir con sencillez y a actuar siempre en las medidas de sus posibilidades, al estilo de los profetas, para que muchos de los que están muriendo su vida puedan llegar a vivirla. ¡Gracias

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Este domingo, después de celebrar su culto, la iglesia de Asambleas de Dios de Silgadji, en el norte de Burkina Faso, ha sido atacada por individuos armados y no identificados. La acción ha dejado, al menos, seis personas muertas, entre las que se encuentran el pastor de la comunidad, Pierre Ouédraogo, su hijo, un diácono, una maestra de educación primaria y, según la emisora RFI, dos menores. Una persona más se encontraría herida de gravedad, según el diario local L’Observateur Paalga. 

Se trata del primer ataque contra un iglesia, según ha confirmado ha Reuters el portavoz del gobierno burkinés, Remy Fulgance Dandjinou. “Los asaltantes exigieron que se convirtiesen al islam”, ha asegurado un familiar del pastor fallecido al medio local. Por ahora, se desconoce la autoría de los hechos y ninguno de los grupos terroristas que actúan en el país, Ansarul Islam y el Estado Islámico del Gran Sáhara, lo ha reivindicado como propio. Los atacantes también han destrozado parte del mobiliario de la iglesia, como el púlpito que ha acabado quemado, y han robado víveres. 

Según la prensa nacional, todas las comunidades religiosas, incluida la musulmana se han movilizado para enterrar los cuerpos de las víctimas. Ouédraogo pastoreaba la iglesia, una de las más antiguas de la zona, desde hacía 35 años. A pesar de que otros medios han apuntado al secuestro de otras personas de la comunidad de Silgadji, se trataría de “un rumor generalizado”, tal como apuntan desde L’Observateur Paalga.

El presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, ha lamentado los hechos y ha asegurado que sus “oraciones van para las víctimas del tiroteo en Burkina Faso”. “Europa debe permanecer unida contra la persecución de los cristianos en África”, ha remarcado. 

imageEl pastor Pierre Ouédraogo. / L’Observateur Paalga

AUMENTA LA VIOLENCIA EN BURKINA FASO

Dos días antes, el viernes 26, cinco profesores eran asesinados en la localidad Maytagou, al sur de Uagadugú, después de ser atacados por un grupo de personas identificadas como yihadistas. “Condeno enérgicamente el cobarde y despreciable asesinato de cinco maestros. Refleja la voluntad de las fuerzas oscuras para hundir a nuestro país en las tinieblas”, criticaba el presidente del país, Roch Kaboré, en las redes sociales. 

También desde marzo se encuentra desaparecido un párroco de la ciudad de Djibo, Joel Yougbarè, y dos miembros de la Cruz Roja burkinesa han sido recientemente liberados tras cerca de un año en paradero desconocido. Además, el pasado 15 de febrero se publicaba la noticia del asesinato del misionero salesiano español César Fernández a manos de yihadistas en Nohao. 

La aparición de grupos yihadistas en el norte y los constantes ataques contra la capital y el resto del territorio del país, especialmente el este, ha provocado un aumento masivo de los asesinatos en Burkina Faso. Según el Armed Conflict Location and Event Data Project (ACLED) entre noviembre de 2018 y marzo de 2019 se han registrado 499 muertes. Lo que representa un 7.000 por ciento más que en el mismo período de tiempo con respecto al año anterior. 

El ataque a la iglesia evangélica en Silgadji se ha producido la misma semana que la canciller alemana, Angela Merkel, visitará el país, este miércoles, para reunirse con el presidente Kaboré. 

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La Reforma preparó el camino para lo que se llama la “ética protestante del trabajo”. La idea de Martín Lutero del “sacerdocio de todos los creyentes”, hizo añicos la estricta separación entre lo “secular” o lo “mundano” y lo “espiritual”, que era una idea común en la Iglesia antes de la Reforma. Al anular esa diferenciación se elevó el reconocimiento del trabajo secular. Ya no se veían más las profesiones seculares como inferiores a la vida contemplativa de los monasterios o al ministerio de un sacerdote. Dios podía ser glorificado en cualquier tipo de trabajo honrado. Cuando hablamos hoy en día de la importancia de glorificar a Dios en todo lo que hacemos, incluyendo en nuestros trabajos, expresamos una idea que tiene sus raíces precisamente en la Reforma Protestante.

Este concepto y otros más llevaron al progreso industrial y la prosperidad más avanzada jamás conocida en la historia.

Fue este principio de un trabajo sólido y bien hecho para la gloria de Dios que llevó a los países de la Reforma a un bienestar singular, y se debe particularmente a la cosmovisión protestante. Los emprendedores y negocios más dinámicos se encontraron en la Holanda calvinista y en Inglaterra, fuertemente influenciada por sus ideas. 

Max Weber, en su famoso libro: “La ética Protestante y el Espíritu del Calvinismo” (1905), atribuyó la revolución capitalista al calvinismo con su austeridad y su ética de trabajo.

Calvino además defendió el derecho a la propiedad privada, enseñó el concepto bíblico de ser administradores de Dios, promovió la competencia libre y la prohibición de intereses abusivos, a la vez aceptando la posibilidad de cobrar intereses razonables. De esta manera se liberaron todos los mecanismos del mercado que llevaron a un desarrollo sin igual en la historia. Como resultado queda una sociedad con libre comercio que ha generado los niveles más altos de vida, la esperanza de vida más alta y el progreso más grande jamás visto en la industria y la medicina, por ejemplo. 

Mientras que el ideal por alcanzar en nuestra sociedad hoy en día es trabajar lo menos posible y ganar lo máximo, la ética del trabajo en la tradición judeo-cristiana es glorificar a Dios precisamente a través del trabajo

EL MODELO DE TRABAJO EN LA BIBLIA

En Proverbios 31 vemos todo un capítulo dedicado a una mujer que se dedica a varias tareas para sacar adelante su familia. Uno puede decir sin lugar a duda que la misma ética se refiere a los hombres.

El comienzo del trabajo antiguamente empezó con la salida del sol y duró hasta su ocaso (Salmo 104:22.23). En el Nuevo Testamento vemos que era posible encontrar gente que buscaba trabajo todavía a las cinco de la tarde (Mateo 20:1-16). La misma parábola, por cierto, también nos enseña que el dueño de la viña podía tratar a los obreros de forma desigual. No iba en contra de la ley. Podía pagar a cada uno el importe que deseaba, sin que nadie tuviese el derecho de meterse con él.

Esto quiere decir que la jornada laboral en el marco bíblico tanto del AT como del NT es de unas 12 horas, los seis días de la semana. Por supuesto hubo también en Israel épocas festivas donde la gente no trabajaba, como por ejemplo durante las tres fiestas obligatorias (pascua/ panes sin levadura, pentecostés y tabernáculos). 

Hay que constatar claramente que aquel que aboga por una semana de trabajo de 40 o 35 horas no puede apoyarse en la Biblia y está simplemente recitando demandas que vienen de una ética humanista/ideológica que nada tiene que ver con la enseñanza bíblica.

La forma de ganar dinero es trabajar y esto es para el creyente un privilegio. El trabajo del hombre se compara directamente con la obra creadora de Dios y lo mismo ocurre con el descanso del séptimo día (por ejemplo en Deuteronomio 5:13).

La forma bíblica de ganarse la vida es trabajar. Proverbios 12:11 menciona que Dios honra a aquel que trabaja duramente y no intenta hacerse rico de forma fácil. Al mismo tiempo, nos damos cuenta que el vago no llega a ninguna parte (Proverbios 13:4). El trabajo duro tiene la bendición de Dios (Proverbios 14:23). La meta del creyente es no depender de otros económicamente (1 Tesalonicenses 4:11.12). Más todavía: Pablo tiene palabras duras contra aquellos que viven a costa de otros. En 2 Tesalonicenses 3:10 escribe que aquellas personas ni siquiera tienen el derecho a comer.

El creyente es productivo y de esta manera imita a su Dios. Vivir una vida que produce nada no es la voluntad de Dios (Tito 3:14).

En consecuencia, la fe cristiana no habla de un igualitarismo o algo como un socialismo cristiano. No existe tal cosa. Los ejemplos que siempre se citan de los evangelios o del libro de los Hechos (vender todo y darlo a los pobres, tener todas las cosas en común) eran simplemente medidas de estrategia o de emergencia en una situación concreta (véase mi previo artículo). 

La Biblia no se opone a que una persona gane incluso más de lo que necesita siempre que esto ocurra con medios honestos. Veamos brevemente los hechos:

– La Biblia reconoce el derecho a la propiedad privada. Eso está implícito en dos de los diez mandamientos.

– Juan 19:26.27: Juan tenía casa incluso después de haber seguido a Jesucristo durante más de tres años y medio.

– Mateo (LevÍ) tenía una casa donde invitó gente para que conocieran a Jesucristo.

– Lucas 8:1 había personas pudientes que apoyaron a Jesucristo.

A la vez que no está prohibido a ganar más de lo que uno gasta, muchos creyentes a lo largo de la historia entendieron que correspondía al espíritu de las enseñanzas de Jesucristo el vivir una vida modesta. Esto llevó, por ejemplo en los tiempos de la Reforma, a muchos empresarios que había abrazado las doctrinas de Lutero y Calvino a empezar a reinvertir las ganancias de sus negocios de nuevo en sus empresas y quedarse solamente con una ganancia modesta. Esto fue uno de los factores decisivos para el gran éxito de naciones calvinistas, como por ejemplo Holanda, en el comercio.

Esa ética del trabajo incluye unos principios muy sencillos que hoy por hoy siempre llamarán la atención en una sociedad donde prevalecen el engaño y la chapuza: el empresario que cumple sus promesas y entrega su producto al precio convenido, a la hora fijada y en las condiciones establecidas llamará la atención y por regla general no tiene que preocuparse de atraer clientes con publicidad cara. Porque el trabajo honesto y bien hecho hoy por hoy es un reclamo excelente para el que lo hace y por extensión para el Dios al que sirve. Un cliente satisfecho vale más que todas las campañas publicitarias.

El ideal cristiano no es trabajar lo menos posible, sino usar el trabajo para la gloria de Dios. Creará un ejemplo que otros tienen que copiar si quieren ser capaces de competir con él. Y de esta manera el empresario o trabajador cristiano aporta algo muy importante para el bienestar y el progreso de su propio país.

Sin embargo, una sociedad que premia al vago y castiga al que está dispuesto a trabajar honestamente a base de impuestos, regulaciones y monopolios de precios está cavando su propia tumba.

N.d.E: Republicamos este artículo por el día 1 de mayo. La serie sobre el libro de Osma continuará la semana próxima.

La entrada La ética protestante del trabajo y del bienestar se publicó primero en Noticias Cristianas.

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