Abril 26, 2026

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La joven Sara Rivas Jordà ha fallecido este lunes 13 de mayo en Pekín a la edad de 31 años. Así lo ha confirmado la familia a Protestante Digital.

“Sara ha partido con el Señor esta tarde, después de estar unas horas en coma. No ha sufrido, gracias al Señor -expresó Febe Jordà-. Ha sido un día muy duro, sobre todo para David. Que el Señor nos consuele. Su paz ya nos la da”.

La familia ha querido además agradecer el apoyo que durante todo este tiempo de dificultad han recibido desde distintos rincones del mundo.

UNA VIDA DE IMPACTO

Sara Rivas, junto a su esposo David Delgado y su madre Febe Jordà, se encontraban en la capital china, donde había sido admitida para recibir un tratamiento experimental avanzado tras agotarse las posibilidades médicas en España.

La situación de Sara despertó una gran ola de solidaridad y apoyo en el ámbito evangélico. A través de una campaña de crowdfunding, en solo una semana miles de personas donaron más de 100.000 euros para ayudar a Sara y a su familia en su lucha contra el linfoma en China.

“El amor nunca se da por vencido, jamás pierde la fe, siempre tiene esperanzas y se mantiene firme en toda circunstancia”, expresaba David Delgado en la carta donde explicaba el proceso vivido por Sara en los dos años y medio desde que se detectó su enfermedad.

Sara Rivas estudió Ciencias de la Educación en la Universidad de Barcelona y teología en Hillsong Australia.

A pesar de su juventud, ha dejado un legado de fe, amor y perseverancia en medio de la prueba. En sus reflexiones escritas ha dejado constancia de esa actitud ante la vida, marcada por la confianza en Dios: “Fija tus ojos en Él, ten una perspectiva eterna de lo que estás viviendo, sea cual sea tu situación, y déjate transformar día a día”.

La entrada Ha fallecido Sara Rivas Jordà se publicó primero en Noticias Cristianas.

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¿Quién no ha deseado irse a una isla desierta? La vida resulta a veces tan agobiante, que uno quisiera escaparse a un lugar lejano y olvidarse de todo lo que le rodea. Ese cansancio vital ha hecho durante 300 años de Robinson Crusoe (1719), algo más que un personaje literario. Su figura se ha convertido en todo un paradigma de la condición humana. Hasta la reciente edición de Edhasa, las traducciones de la novela de Daniel Defoe mutilaban el 30% de la obra –incluida la que hizo el escritor argentino Julio Cortázar en los años 40–, precisamente las partes que hablan del sentido bíblico del arrepentimiento de Robinson. Ya que esta es una historia de conversión…   

Nuestro primer encuentro con Robinson se relaciona siempre con esa pasión infantil que da el ansía de aventura, pero la lectura adulta de este libro nos da una perspectiva nueva sobre el sentido espiritual de una obra que realmente desconocíamos. Nos desvela la fuerza de un relato que enfrenta al hombre con el incomparable misterio de Dios y su providencia. La poderosa metáfora de esta isla sigue hablándonos de la realidad del corazón humano ante las preguntas últimas de nuestra existencia.

imageLa figura de Robinson se ha convertido en un paradigma de la condición humana.

Dice Alberto Manguel, que “nunca se llega a una isla desierta sin también querer dejarla”. Ya que “desde la tierra firme, soñamos con partir, navegar más allá del horizonte, desembarcar allí donde no hay nadie y donde podremos reconstruir el mundo tal como se nos antoja, rigiendo despóticamente un pequeño universo”. Lo que ocurre es que “una vez en la isla, una vez rodeado de frío, hambre, miedo, aburrimiento y desolación, lo único que pedimos es que se nos saque de allí”. 

Cuentan que en una ocasión le hicieron a Chesterton, la famosa pregunta de qué libro se llevaría a una isla desierta. Con su habitual genialidad, el autor inglés convertido al cristianismo contestó: “Un manual de construcción de barcos”.

EL MITO DE ROBINSON 

En 1704 un marinero escocés llamado Alexander Selkirk se amotinó contra el capitán del barco Cinque Ports, siendo abandonado en una isla desierta al sur del Pacífico, conocida por los nombres de Juan Fernández o Más Afuera. Le dejaron al piloto con una Biblia, un fusil y algo de pólvora y de tabaco, pero logró sobrevivir allí durante más de cuatro años, cazando cabras y oteando el horizonte, hasta poder regresar a Inglaterra en 1711. Su historia corrió a partir de entonces por todos los cafetines y tabernas de Londres, donde la debió oír Daniel Defoe. 

imageSe acaba de reeditar la versión original de Julio Cortázar de Robinson Crusoe.

No es que Robinson sea Selkirk –como hoy se llama la isla–, ya que su historia está mezclada también con otras experiencias –como la de un médico deportado como esclavo a las Barbados–. De hecho, Viernes recuerda también a un indiano que fue abandonado en la isla, por uno de los piratas que se refugiaban allí en alguna de sus incursiones por las costas y puertos del virreinato del Perú o las tierras de Chile. 

Ya que la popularidad del mito de Robinson no se basa en la divulgación de ciertos hechos históricos, sino en la creación de una poderosa metáfora, que sigue estimulando el pensamiento humano. Porque no lo olvidemos, este libro es una alegoría, histórica por supuesto, pero cuyo sentido va más allá de las circunstancias que viviera un personaje real de carne y hueso en un momento determinado. 

EXTRAÑO EN EL PARAÍSO

Robinson es como un nuevo Adán, extraño en el paraíso. Y su viaje expresa la realidad de una vida solitaria, en que peregrino de sí mismo, un día se encuentra a Dios al abrir la Biblia. Las “poderosas palabras” de los Salmos le hacen entonces contemplar su vida a una nueva luz, la de la Providencia de Dios. Defoe justifica así en el prefacio al libro su “religiosa aplicación de los acontecimientos”. 

imageLa lectura de la Biblia produjo el arrepentimiento de Robinson.

Todas las desventuras de Robinson son resultado de su aparente obstinación, movido por un extraño impulso que le empuja a la autodestrucción. No entiende por qué corre hacía ella con los ojos abiertos, contradiciendo sus más claras perspectivas de bienestar, precipitándose en el más profundo abismo de la miseria. Pero Robinson vuelve en sí un día, al naufragar durante una terrible tormenta y llegar “a la orilla de esta triste y desdichada isla”, que llama Isla de la Desesperación

“Hasta entonces había actuado sin el menor fundamento religioso, de hecho, tenía muy pocas nociones de religión en la cabeza, y había atribuido todo lo que me había ocurrido tan sólo al azar o, como decimos a la ligera, a la voluntad de Dios, sin preocuparme de indagar sobre la acción de la providencia en estas cosas o su orden en controlar los acontecimientos del mundo”. 

LO ÚNICO QUE NOS PUEDE CAMBIAR

Así, aunque Robinson se siente agradecido, al ser el único que sobrevive de toda la tripulación, tiene que confesar que su “religioso agradecimiento a la providencia de Dios empezó a abatirse ante el descubrimiento de que aquello no era más que la consecuencia de algo muy común”. En todo aquel tiempo de aventuras en el mar, no recuerda “bien mirar hacia arriba, hacia Dios, o hacia dentro, hacia una reflexión sobre mi propia conducta”. 

imageRobinson es como un nuevo Adán, extraño en el Paraíso.

Dice que es como si “una cierta estupidez del alma, sin deseo del bien o conciencia del mal, me había dominado por completo, y ahora yo era el alma más endurecida, caprichosa y perversa que puede concebirse, sin temor a Dios en el peligro y sin agradecimiento en la salvación”. Ya que “pese a la gran variedad de desdichas que hasta entonces habían caído sobre mí, nunca pensé ni una sola vez que era la mano de Dios la que me las enviaba, o que era el justo castigo por mi comportamiento rebelde, mis actuales pecados, que eran grandes, o el rumbo general de mi depravada vida”.

¿Qué es lo que le hizo entonces cambiar de opinión? “La gracia de Dios”, escribe Robinson. Si no fuera por ella, hubiera terminado “donde empezó, en un simple acceso de alegría o, me atrevería a decir de sentirme contento porque estaba vivo, sin la menor reflexión acerca de la bondad de la mano que me había salvado”. 

LA PALABRA DE GRACIA

Al tomar la Biblia y leer las palabras del Salmo que dice: “Invócame en el día de tu aflicción, y yo te liberaré, y tú me glorificarás”. La Palabra se convierte en “medio de gracia”, por lo que: “Antes de acostarme hice lo que nunca antes había hecho en toda mi vida, me arrodillé, y le pedí a Dios que cumpliera conmigo su promesa”. 

“Por la mañana”, dice Robinson, “tomé la Biblia, y empezando con el Nuevo Testamento, emprendí su lectura seriamente, y me impuse dedicarme cada mañana y cada noche a leerla un rato”. Y “no pasó mucho tiempo desde que me dedicara seriamente a esta tarea sin que mi corazón se viera profunda y sinceramente afectado por la perversidad de mi vida”. 

Se vio así “suplicando con insistencia a Dios que me proporcionara arrepentimiento, cuando de forma providencial, aquel mismo día, ocurrió que leyendo las Escrituras tropecé con estas palabras: Es exaltado como príncipe y salvador, para conceder el arrepentimiento y dar el perdón”. Por lo que “aquella fue la primera vez  que, en el sentido completo de la palabra, oré en toda mi vida, porque lo hice con pleno conocimiento de mi situación, y con la auténtica esperanza propia de las Escrituras, fundada en el aliento de la palabra de Dios y desde entonces, puedo decir también, empecé a tener esperanza de que Dios me escucharía”. 

¿CÓMO SE PRODUCE EL ARREPENTIMIENTO?

Robinson continuó en la isla, pero “mi situación empezó a ser –dice–, aunque no menos miserable que mi forma de vivir, sí mucho mejor para mi mente”. Ya que escribe: “Mis pensamientos iban dirigidos, a través de la constante lectura de las Escrituras y las plegarias a Dios”. Por lo que “hallaba aquí un gran consuelo que hasta entonces desconocía”. 

imageDaniel Defoe hizo de Robinson, algo más que un personaje literario.

Es así cómo Robinson dice que dio “humildes y sinceras gracias a Dios de que me hubiera permitido descubrir que era posible que fuera más feliz en esta solitaria condición de lo que hubiera sido en la libertad de una sociedad y en medio de todos los placeres del mundo”.  Por eso: “Aunque no puedo decir que doy gracias a Dios por estar aquí, sinceramente daba gracias a Dios por abrirme los ojos, aunque lo hubiera hecho de una forma muy dolorosa, y permitirme ver cuál era realmente mi vida”.

Es lo que Jesús llama arrepentimiento. Algo que Robinson nos enseña que es sólo posible por la gracia de Dios. Algo difícil de entender, pero que no tiene otra explicación que la asombrosa misericordia de Dios, que nos lleva a la Isla Desesperación, para abrir nuestros ojos y ver la vida de forma diferente. Y esto sólo se produce “mediante un constante estudio y una seria aplicación de la palabra de Dios”. Es así como “con la ayuda de Su gracia”, Robinson logra “una comprensión diferente”. Si te sientes náufrago de la vida, ¡abre esa Palabra y verás las cosas de otra manera!

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La iglesia evangélica Buenas Noticias de Lugo celebró este domingo 12 de mayo su primer “Café con Refugiados”, una iniciativa que nace con vocación de continuidad y cuyo objetivo es dar la bienvenida a las familias de refugiados que llegan a la ciudad, muchos de ellos ya atendidos y ayudados por el brazo social de la iglesia evangélica.

La iglesia ofrece asistencia desde su llegada a Lugo, a través del Banco de alimentos, ropero, servicio para encontrar empleo, así como una comunidad de personas donde puedan integrarse.

“Atendemos a muchos refugiados. Sobre todo, de Venezuela, Honduras y El Salvador. De esos tres países, están viniendo ahora muchas personas a Lugo. Podríamos decir que, solo por aquí, pasan cada semana entre una y dos familias de El Salvador y de Honduras”, afirma Ana Pérez Lozano, portavoz de Buenas Noticias, en un reportaje en el diario El Progreso.

imageCada familia tiene su problemática e historia particular. / BNLugo

El diario cuenta las historias de los refugiados que acudieron, entre ellos Rostik y Viera, ucranianos con una hija nacida ya en España, o Ricardo y Rosario, ambos abogados procedentes de Honduras y que buscan ahora un futuro en nuestro país.

imageFamilias jóvenes y mayores compartieron café y experiencias. / BNLugo

INTEGRACIÓN Y APOYO

La iniciativa de celebrar un café con las familias tiene como objetivo crear un espacio de seguridad y relación, donde la comunidad cristiana puede mostrarse abierta e integradora. 

Los participantes compartieron sus experiencias de vida, la salida de sus países por diferentes razones, los procesos de solicitud de asilo, las dificultades encontradas y también muchas alegrías, así como la mano de Dios en medio del camino.

imageLo que muchos necesitan es encontrar una comunidad acogedora. / BNLugo

Refugiados, inmigrantes y nacionales disfrutaron de una tarde distendida de compartir merienda y experiencias. Los niños de las familias refugiadas tuvieron actividades especiales para ellos, organizadas por los voluntarios de Buenas Noticias.

“La mayoría viene con los hijos. Hijos que son ya adolescentes y que necesitan también integrarse en una red social para los jóvenes. En general, hacemos esto para que se conozcan entre sí unos y otros y favorecer su integración en su nueva vida en Lugo”, resume Ana Pérez.

imageTambién los niños tuvieron una actividad especial. / BNLugo

“El lema “Acogiendo, protegiendo e integrando” marca el contexto que deseamos que se establezca en nuestra iglesia”, explicó.

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Muchas veces, en nuestros cultos y en los rituales religiosos de las diferentes confesiones cristianas, se dedica más tiempo al ritual y lo sacrificial, que al hecho de tener cuidado y compromiso con la ética cristiana que emana del mensaje bíblico, de los evangelios y del ejemplo de Jesús, con todas sus implicaciones para con el prójimo y para con la vida en medio de las problemáticas de nuestro aquí y nuestro ahora. En muchos casos, en los profetas y otros textos bíblicos, se pone como condicionante del culto toda esa ética para con el prójimo, así como la búsqueda de la justicia unida a la práctica de la misericordia y a la acción de ayuda al prójimo. Bastaría con leer Isaías 1  o Isaías 58, para darnos cuenta de esta realidad, aunque los textos podrían ser muchísimos.

Se ha de tener cuidado de no ir construyendo un cristianismo de cumplimientos religiosos, de ritual, sacrificial o, simplemente, que mira demasiado hacia el más allá y menos a nuestros entornos humanos. Eso suele ser común a todas las confesiones cristianas. Podríamos olvidar la gran vertiente ética que tiene el cristianismo, y hacer un esfuerzo para equilibrar los aspectos éticos y los cúlticos o rituales. Yo no dudo que los cristianos acepten esta vertiente ética del cristianismo, pero lo que sí creo que está claro es que, la vertiente ritual o, en su sentido más positivo, cúltica alejada de la vertiente ética, ha sido muchísimo más potenciada, y podríamos caer en un gran desequilibrio en la vivencia de nuestra espiritualidad cristiana.

Sin embargo, si nos paramos a estudiar y reflexionar sobre la venida de Jesús al mundo, comenzando ya desde su anuncio por los profetas, y culminando con su declaración programática, según la encontramos en el Evangelio de San Lucas en su capítulo 4, donde hace suyas las palabras: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón: a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor”, no tenemos por más que darnos cuenta de la gran dimensión ética del cristianismo que no quita nada a su dimensión ritual, sacrificial o de deseos de estar en contacto con las realidades trascendentales, pero que no se pone como algo subordinado.

El problema es cuando todo se desequilibra para dar más tiempo, importancia y magnitud a esas facetas del ritual, que a la dimensión ética del cristianismo. Por eso, la pregunta sobre cómo es nuestro culto a Dios es relevante, porque el auténtico y verdadero culto a Dios incluye, de forma necesaria, toda la vertiente ética del cristianismo en relación con el prójimo y la práctica de la justicia.

¿Sabéis una cosa? ¿Lo habéis leído en la Biblia, en los profetas? Dios rechaza nuestro culto, nuestro ritual, cuando no va precedido o asume explícitamente, el compromiso ético con el prójimo, con los pobres, las viudas y los extranjeros, cuando nos olvidamos de hacer justicia. Es entonces cuando el Altísimo cierra sus oídos a nuestro culto, y le son molestia nuestras oraciones y alabanzas,

Yo creo que sí que merece la pena que, tanto las iglesias como instituciones, como los creyentes en el ámbito familiar e individual, se planteen de nuevo y a la luz de las escrituras, cómo debe ser nuestro culto a Dios, como debemos vivir nuestra espiritualidad cristiana para que no mutilemos esa vivencia o, simplemente, la desequilibremos.

Por tanto, yo no diría que debemos priorizar lo ético a lo ritual o sacrificial, sino para que el culto sea integral y válido a los ojos de Dios y para que no cierre sus oídos ante nuestras plegarias, debemos de buscar un equilibrio lo más perfecto posible. Y para ello, en el momento actual, en nuestro aquí y ahora que nos ha tocado vivir, hemos de potenciar los aspectos éticos, la relación de projimidad entre los hombres, la búsqueda de la justicia, el amor, la solidaridad con los más apaleados de la historia, con los pobres, oprimidos e injustamente tratados.

Aquí, en el ajuste que quizás necesitarían nuestros actos rituales, podría entrar la frase de Jesús: “Misericordia quiero y no sacrificios”. La misericordia nos ancla en nuestra historia en ayuda al hombre apaleado, empobrecido, sufriente. La misericordia nos ancla al prójimo, a ser las manos y los pies del Señor en medio de un mundo de dolor. Nos ancla en el auténtico culto a Dios.

Si no, de lo contrario, si nos olvidamos de toda la vertiente ética del cristianismo, si nos olvidamos del prójimo y pasamos de largo, quizás estaríamos haciendo rituales bonitos, alabanzas bellas, oraciones largas y prolijas que, a su vez, intentamos que también sean bellas, pero puede ser que, sin asumir la vertiente ética del cristianismo, esos rituales cúlticos no sobrepasen nunca los techos de nuestras iglesias. No llegarán al cielo. Dios tendrá sus oídos cerrados. No cumplimos con los requisitos previos al auténtico culto al Altísimo.

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