Abril 26, 2026

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En la galería de la Academia de Florencia (Italia) se exhibe una de las obras maestras más famosas de Miguel Ángel. Sobre un pedestal, de pie, el cuerpo de un hombre de 5,17 m de altura. Sus tendones y venas son claramente perceptibles en todo su cuerpo musculoso y seductoramente definido. El cabello rizado, el rostro concentrado con el ceño fruncido que le da un aspecto de profundidad a su mirada, como listo para salir al combate. En la mano derecha sostiene una piedra y en la otra mano una onda. “El David” de Miguel Ángel es una escultura que representa al David bíblico en el momento previo a enfrentarse con Goliat.

Razones hay para decir que esta obra representa los ideales renacentistas de la época. El David simboliza la libertad en fusión con la belleza, tópicos del renacimiento. La gallardía y el valor se expresan en cada posición y dirección de sus miembros. El David de Miguel Ángel debía mostrar esa imponencia, belleza y astucia que el hombre de aquella época admiraba.

El concepto de lo bello ha sido discutido a lo largo de los siglos, sobre todo entre los afiliados al arte. ¿Qué es realmente bello? ¿Lo bello, necesariamente tiene que ser perfecto?

Uno de los cuadros de William Turner retrata el momento justo cuando una barca es atrapada por las olas del mar. Lo que más resalta allí es la fuerza, intensidad y magnitud con que las olas y los vientos se levantan y hunden la barca haciéndola casi invisible. Muchos han considerado a este cuadro, a causa de esto, la escena donde lo bello llega a los niveles más altos de su expresión: lo sublime.

Según el filósofo Kant, “lo sublime es un objeto de la naturaleza que hace a la mente contemplar la elevación de la naturaleza como algo fuera de nuestro alcance racional. Es algo que conmueve, excita, atemoriza, amenaza, asombra. Una sensación de gran poder e infinidad”.

En el Génesis dice: “Y la tierra estaba desordenada y vacía… Y dijo Dios: Sea la luz y fue la luz”. Lo sublime en el origen del universo va más allá de lo que afirma Kant, pues no sólo es la expresión magnífica de la naturaleza lo que es sublime, sino aquella Palabra que genera esa misma magnificencia, ese mismo movimiento de la materia. La Palabra que da vida al objeto; la que ordena y se hace; la que crea y puede destruir. Se dijo que lo sublime es poderoso y a la vez atemoriza por su grandeza. Mas el universo atemoriza por la calidad extrema de su coherencia y orden. La belleza del universo puede fascinar a todo hombre, creyente o no, pero lo sublime lo excita a pensar más allá, reta a su razón, lo rinde a creer.

Lo sublime está en ese acto creativo, pero también está en el acto de innovación, porque ¿de dónde vino esa Palabra?, ¿en qué instante del tiempo apareció? Esa es la esencia de lo sublime, aquello al que no se le puede marcar un principio. Lo sublime debe ser infinito. Dios es la esencia de lo sublime.

Sabemos de los fenómenos naturales que ocurrieron en el Antiguo Testamento. La columna de nube y de fuego que iban delante del pueblo de Israel, la llama de fuego en medio de la zarza que se mostró a Moisés, el torbellino por el cual Dios respondió a Job, etc. A la vista de cualquier hombre debieron ser impresionantes, amenazantes por sus dimensiones. Mas esta belleza se pudo desvanecer en su mente si lo Sublime no lo hubiese tocado. La presencia de Dios estaba en medio de estos fenómenos como el dominante de la naturaleza. La zarza no se consumía porque lo Sublime lo estaba controlando. Así Dios se glorifica.

En Éxodo 3:5 leemos: “Y Dios dijo a Moisés: quita el calzado de tus pies porque el lugar en que tú estás es tierra santa”. Y en 1º de Reyes 8:11: “Y los sacerdotes no pudieron permanecer por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová”. Lo sublime, además, sacraliza. Un objeto se hace sagrado sólo porque lo Sublime se ha expresado en él.

El templo de Salomón era sagrado porque Dios se había manifestado en él e hizo un pacto con Salomón. Mas un objeto no puede ser sagrado sólo porque “representa” a lo Sublime. El crucifijo no es sagrado sólo porque representa a Cristo; el hombre lo sacraliza porque lo vuelve en amuleto. Lo sublime es “irrepresentable”. La imaginación finita del hombre no puede figurar la imagen de un Dios infinito.

Por esto uno de los pasajes más sublimes de la Biblia está en Éxodo 20: “No te harás imagen ni semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra…”. El mensaje es que al Dios sublime no lo puedes reducir a una imagen, eso es profanación. Cuando ocurre esto se le atribuyen los poderes que uno quiere, y entonces deja de ser Dios.

Lo Sublime, por tanto, ha creado, maravillado, atemorizado, sacralizado, demostrado su valor irrepresentativo; no se descarta ahora su más grande dimensión: lo Sublime puede hacerse visible a sí mismo, no es que se representa, sino que se muestra tal cual es, no en un objeto, sino en un Hombre: Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad (Juan 1:14).

Jesucristo es el acto más sublime de Dios. Jesucristo es el Dios sublime. Cuando lo trascendente entra en relación con el mundo inferior, esto es lo más magnánimo, elevado y cautivador en toda la historia. Aquello a lo que Kant no pudo llegar, porque para él lo sublime es irrepresentable y nada más, pero nunca dijo que si algo es sublime es porque también tiene la capacidad de hacerse visible a sí mismo, tangible, accesible a ese mundo inferior del cual él hablaba. 

Lo sublime, entonces, no se ha reservado, ha llegado al estado de encarnación y ha cumplido su propósito de salvación. Ha transformado al hombre, de modo que ya no es el mismo: lo Sublime lo ha tocado y lo ha hecho santo. La lógica, por tanto, en todo esto está en que no hay acto más bello y sublime que el que redime al hombre y lo conserva para siempre.

Doris Alcón Huayta – Literatura y Teología – La Paz (Bolivia)

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Edom traficaba contigo por la multitud de tus productos;

con perlas, púrpura, vestidos bordados, linos finos, 

corales y rubíes venía a tus ferias.

(Ez. 27:16)

Tres veces menciona la Biblia los corales (Job 28:18; Lm. 4:7 y Ez. 27:16) y en las tres se resalta el valor de piedra preciosa que ya se les concedía en la antigüedad. El término hebreo que se emplea es ramoth ,רָאמוֹת, cuyo significado es “de elevado valor” y que se tradujo al griego de la Septuaginta como metéora, μετέωρα. Algunos traductores creen que el término hebreo, peninim, פְּנִינִים, traducido por “rubíes” (Job 28:18; Prov. 3:15; 8:11; 20:15; 31:10; Lam. 4:7), podría referirse también al coral o a las perlas.

Los corales son animales marinos muy singulares ya que viven en colonias formadas por cientos o miles de individuos llamados zooides o pólipos. No obstante, el término “coral” carece de significado taxonómico ya que incluye diferentes tipos de organismos que tanto pueden formar estructuras calizas duras como otras bastante más blandas. A unos se les concedió valor de piedra preciosa, como al coral rojo, mientras que a muchos otros no.

imageEn el golfo de Eilat (Israel), cuyas aguas comunican con el mar Rojo, existen multitud de especies coralinas que son las mejor conservadas del mundo. Estudios recientes así lo demuestran y sugieren la posibilidad de convertir este enclave en un reservorio biológico para repoblar regiones donde los corales han muerto o desaparecido.[1] / Antonio Cruz

La mayoría de los corales pertenecen al filo Cnidaria y a la clase Anthozoa, aunque otros se clasifiquen dentro de la clase Hydrozoa, como el coral de fuego (Millepora). La agrupación de los zooides o individuos puede dar lugar en mares tropicales y subtropicales a estructuras coralinas de grandes dimensiones, como la Gran Barrera de Coral australiana, que tiene miles de kilómetros y puede ser observada desde el espacio o el arrecife Mesoamericano del mar Caribe.

Los corales se nutren de plancton, peces y organismos marinos muy pequeños que atrapan mediante las células urticantes de sus tentáculos. Aunque, la base fundamental de su alimentación la constituyen las algas microscópicas unicelulares (zooxantelas) que realizan la fotosíntesis, obteniendo así materia orgánica a partir de la energía solar. Estas algas zooxantelas viven dentro de los propios corales y contribuyen a darles su color característico.

imageEl coral rojo del Mediterráneo (Corallium rubrum) pertenece a la familia Coralliidae y suele prosperar en oquedades y cavidades submarinas a una profundidad comprendida entre los 4 y los 200 metros. / Antonio Cruz

Los hebreos de los tiempos bíblicos conocían el valor de algunos corales preciosos (Job 28:18). Los mercaderes arameos comerciaban con ellos en Tiro (Ez. 27:16), así como los egipcios que los usaban para fabrican adornos, amuletos y collares. Los corales del mar Rojo eran abundantes y variados en dureza y colorido, pero el más valioso de todos se obtenía del Mediterráneo. Se trata del famoso coral rojo (Corallium rubrum) que, como todos los corales, fue considerado una planta y no un animal, hasta el siglo XVIII. Hasta entonces se pensaba que era un arbusto marino que se endurecía al sacarlo del agua y entrar en contacto con el aire. De ahí que se le llamara “árbol de piedra” (Litodendrum). Los griegos y los romanos usaban la palabra “coral”, de origen celtíbero, únicamente para referirse al coral rojo del Mediterráneo, extraído de este mar con fines ornamentales.[2] En realidad, los pequeños animales que constituyen el coral (pólipos) emplean el carbonato cálcico del agua marina para fabricar el duro esqueleto calcáreo que los caracteriza. Cada pólipo tiene forma de árbol con varias ramas o tentáculos repletos de células para atrapar el alimento.

imageCoral rosado de la especie Stylophora pistillata relativamente abundante en el mar Rojo y el golfo de Eilat, Israel. / Antonio Cruz

Recientemente se ha descubierto un misterioso mecanismo en los corales, en relación a cierto gas sulfurado que producen y que, al parecer, tendría un significativo papel para regular la temperatura del agua en que viven y de la atmósfera que existe sobre ella. En efecto, científicos australianos, después de estudiar durante años la Gran Barrera de Coral, publicaron en la prestigiosa revista Nature un trabajo en el que se decía que, a medida que se calienta el océano, las zooxantelas de los corales producen mayores cantidades de sulfuro de dimetilo (DMS), que crea una capa de aerosol sobre el agua y asciende en la atmósfera generando gotitas y una mayor cantidad de nubes. Estas nubes contribuirían a reflejar más rayos solares hacia el espacio, refrescando así el ambiente sobre los corales.[3] Esto parece un circuito de retroalimentación biológica, en unos organismos que carecen de cerebro, con el fin de controlar la temperatura del agua cuando están estresados por el exceso de calor. Es misterioso y emocionante pensar cómo unos seres supuestamente tan simples pueden disponer de un mecanismo tan sofisticado. Todavía se está estudiando dicho fenómeno con el fin de determinar si los corales podrán o no sobreponerse a los efectos negativos del calentamiento global.

imageEl coral rojo del Mediterráneo tiene los pólipos de color blanco, a pesar de lo cual suele confundirse, bajo el agua, con la colonia de briozoos que aparece en la imagen (Myriozoum truncatum), llamada vulgarmente “falso coral rojo”, aunque en realidad no se trata de un coral sino -como se indica- de un briozoo y, cuando se saca del agua, se torna blanquecina y se rompe con facilidad. / Antonio Cruz

A pesar de su reducido tamaño individual, los únicos animales que pueden ser detectados por los satélites artificiales desde el espacio son los corales y las manchas de algas diatomeas. Su aparente fragilidad es compensada de sobras con la tenacidad para construir arrecifes de más de dos mil kilómetros de longitud. El secreto del éxito de los corales radica en la solidaridad. La unión de millones de individuos crea la fuerza espectacular de sus construcciones.

El doctor John Stevenson, a propósito del Salmo 22:3, escribió estas palabras en siglo XIX: “Pero tú eres santo. Aquí tenemos un claro ejemplo del triunfo de la fe: el Salvador se mantuvo firme como una roca en medio del ancho océano de la tentación. Por más que las olas se levantaran contra él, más se elevó aún su fe, como una roca de coral, que se incrementa lentamente y se hace más y más fuerte hasta convertirse en una isla de salvación para nuestras almas en peligro de naufragio.”[4] Así pues, los corales constituyen en las Sagradas Escrituras un ejemplo de belleza, valor y solidez de la fe.

imageEn el golfo de Eilat (Israel), cuyas aguas comunican con el mar Rojo, existen multitud de especies coralinas que son las mejor conservadas del mundo. Estudios recientes así lo demuestran y sugieren la posibilidad de convertir este enclave en un reservorio biológico para repoblar regiones donde los corales han muerto o desaparecido.[1] / Antonio Cruz

NOTAS


[2] Schuhmacher, H. 1978, Arrecifes coralinos, Omega, Barcelona, p. 116.

[3] Jackson, R., Gabric, A. & Cropp, R. 2018, “Effects of ocean warming and coral bleaching on aerosol emissions in the Great Barrier Reef, Australia”, Scientific Reports, volume 8, Article number: 14048.

[4] Stevenson, J. 1842, “Christ on the Cross: An Exposition of the Twenty-second Psalm.”, en Spurgeon, C. H. 2015, El tesoro de David, Clie, p. 611.

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Un estudio reciente en el Reino Unido indicó que el 71 por ciento de los jóvenes de 18 a 24 años dice no tener creencias religiosas de ningún tipo.[1] Según Operación Mundo, una creciente mayoría de los países europeos, incluidos Francia, la República Checa y España, tienen un uno por ciento o menos de cristianos evangélicos.[2]

De acuerdo con el libro Churchless, «Más de un tercio de los adultos de los Estados Unidos son esencialmente seculares en su creencia y sus prácticas». Significa que hay unos 156 millones de estadounidenses que «no tienen relación con una iglesia».[3]

Gran parte del antiguo mundo «cristiano» está dejando atrás sus raíces y está dominado por el secularismo (muerte a la religión) y el relativismo (muerte a la verdad). La Biblia ya no es considerada la brújula moral, sino que cada uno es libre de decidir por sí mismo lo que está bien y lo que está mal. Los jóvenes ven a la iglesia como algo irrelevante en su vida diaria: una tradición muerta y vacía del pasado.

Y la secularización, una tendencia estrechamente vinculada a la globalización de la cultura entre la juventud urbana, no se limita a las regiones poscristianas como Europa o los Estados Unidos. Está impactando a las culturas de los centros urbanos de todas las regiones del mundo, incluidos Oriente Próximo, Asia y África. Esta próxima generación, conectada por el consumismo, las redes sociales y la industria del entretenimiento, forma la cultura global más grande que haya existido jamás.

En todo Oriente Próximo, por ejemplo, ha surgido una generación completamente nueva influenciada por el secularismo global. Esta es una generación muy versada en la tecnología moderna y muy comprometida con la música y las tendencias artísticas globales. A pesar de la agitación política y social que ha caracterizado a la región, estos jóvenes son dinámicos, altamente innovadores y creativos. Al mismo tiempo, desconfían cada vez más de los valores culturales y religiosos tradicionales, ya que aspiran a un cambio y a una nueva forma de vida. Al presentar tanto un desafío como una oportunidad en términos de evangelización, esta cultura emergente requiere nuevos modelos y enfoques misionales, ya que los esfuerzos tradicionales en esta región han tendido a centrarse en los valores y la cosmovisión de la generación anterior.

Vivimos en una época de conectividad sin precedentes. Los principales medios de comunicación, las estrategias económicas globales y, sobre todo, Internet han erosionado las fronteras culturales. La cultura juvenil es más homogénea que nunca, lo que conduce a una cultura juvenil verdaderamente globalizada. En el corazón de cualquier cultura están las ideas centrales que forman su visión del mundo. Para la cultura juvenil globalizada, estas ideas centrales son el secularismo, el relativismo y la tolerancia.

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El secularismo

Es importante entender que el secularismo no es la ausencia total de Dios. El secularismo se caracteriza con mayor precisión por la marginación y privatización de la espiritualidad.[4] Los jóvenes no rechazan conscientemente a Dios en sí mismo; simplemente no piensan en el tema. Apropiadamente, estos jóvenes post-Dios han sido apodados “los ningunos”, una generación sin ninguna pertenencia religiosa.

La religión y el cristianismo son irrelevantes para su vida diaria. En el mejor de los casos, ven a Jesús como una buena persona o un maestro, y, en el peor, como un símbolo de represión e intolerancia. Un poco más del 60 por ciento de los “millennials” consideran que el cristianismo es «moralista», y el 64 por ciento dice que el término «anti-gay» «es el que mejor describe a la mayoría de las iglesias en la actualidad».[5]

Las falsas percepciones de Dios que conducen a la secularización masiva de los jóvenes son probablemente el mayor desafío para la iglesia hoy. La religión no solo ha sido relegada a un segundo plano de la relevancia social, sino que también se ha convertido en algo estrictamente privado.

El relativismo

La segunda visión del mundo que define la cultura secular es el relativismo. El relativismo es la idea de que no hay una verdad trascendente y, por lo tanto, no hay una moralidad universal. Conceptos tales como el bien y el mal, la justicia y el deber, son construcciones sociales y, en última instancia, ilusorias. Con la ética tradicional dejada a un lado, el relativismo es un pilar absoluto de la cultura juvenil globalizada. «Tú tienes tu opinión y yo tengo la mía» es el lema de nuestros días. No tiene que tener sentido; simplemente no lo violes.

Irónicamente, la única verdad que no es relativa es que la verdad es relativa. Las personas con mentalidad secular no tienen ningún problema en abrazar dos perspectivas mutuamente excluyentes, siempre y cuando sirvan a la forma en que quieren vivir. Es la filosofía última que se resume en la expresión “ten tu pastel y cómetelo también”. El relativismo se ha convertido en una fuerza dominante que está arraigada en la mente de los jóvenes.

Allan Bloom, en The Closing of the American Mind, señala:

Hay una cosa de la que un profesor puede estar muy seguro: prácticamente cada estudiante que ingresa a la universidad cree, o dice que cree, que la verdad es relativa. Si esta creencia se pone a prueba, la reacción de los estudiantes es previsible: estarán desconcertados. El hecho de que alguien considere que la proposición no es evidente les sorprende, como si estuviera poniendo en duda que 2 + 2 = 4.[6]

Si se sigue hasta su final lógico, el relativismo moral conduciría a un mal absoluto y a un colapso total de la sociedad; sin embargo, no ha sucedido. Esto se debe a que nadie vive como si el relativismo fuera cierto. Las nociones del bien y el mal, el deber, el honor y la justicia son temas habituales en el entretenimiento y la cultura pop, y hablan del rechazo generalizado del relativismo como una forma práctica de vivir.

Incluso los escritores seculares parecen estar de acuerdo. Considere los pensamientos de Helen Rittelmeyer, escritora de The American Spectator:

Artistas superexitosas y sobreprocesadas como Katy Perry y Kesha no actúan como si quisieran ser juzgadas por la brutal honestidad de su autoexpresión, y tampoco predilectos artistas indie amanerados como The Decemberists. En cuanto al cine, los antihéroes ya no van y los héroes están de vuelta. La virtud, la autoridad y la ley y el orden están todos de moda, como lo atestiguan las cuentas bancarias de Chris Nolan, J.K. Rowling y Marvel Comics.[7]

Es casi imposible encontrar a alguien verdaderamente comprometido con el relativismo moral en Hollywood o en cualquier otro lugar. Lo que uno encuentra en abundancia, sin embargo, son personas que dicen que la moral es relativa, pero viven como si no lo fuera. Los jóvenes con mentalidad secular no han abandonado la moralidad y los deberes; más bien, han rechazado los anclajes morales y los puntos de referencia tradicionales, creando un sistema de valores propio.

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Jonathan Merritt sostiene en The Atlantic que «en lugar de estar centrada en los roles de género, los valores familiares, el respeto por las instituciones y la piedad religiosa, [la noción moderna de moralidad] gira en torno a valores como la tolerancia y la inclusión. Este nuevo código ha creado un momento paradójico en el que todo es tolerado excepto lo intolerante, y todo es incluido excepto lo excluyente».[8]

El relativismo es una característica importante y unificadora de los jóvenes de mentalidad secular en teoría, no en la práctica. Aunque no ha producido los monstruos morales y los nihilistas filosóficos que debería haber producido, ha dado lugar a otra creencia fundamental de estos jóvenes: la tolerancia.

La tolerancia

Se nos dice que tengamos una mente abierta, y esto suena noble en la superficie. Todas las ideas, creencias y puntos de vista son iguales y deben ser respetados por todas las personas en todas partes. No hace falta ser un filósofo profesional para ver que esta ideología se refuta a sí misma. La tolerancia es la extensión lógica del relativismo, y comparte su incoherencia. Después de todo, exigir la tolerancia de todos los puntos de vista no es demasiado tolerante.

Como señala D.A. Carson: «Esto [tener una mente abierta] ya no significa que uno puede tener o no puntos de vista fuertes mientras asume el compromiso de escuchar honestamente los argumentos contrarios. Más bien, significa que está dogmáticamente comprometido con la opinión de que todas las ideas que digan que cualquier punto de vista es erróneo son inapropiadas y de mente estrecha».[9]

La mejor forma de tolerancia reside en la capacidad o voluntad de escuchar a personas con creencias y opiniones que difieren de las propias. En el pasado, las personas eran sagradas, mientras que las ideas eran objeto de debate. Hoy, la tolerancia protege a las ideas y ataca a las personas. Esto ha creado un clima de conformidad. Las personas ya no tienen la libertad de pensar críticamente sobre los temas y llegar a sus propias conclusiones, por temor a ser rechazadas o intimidadas. De pronto, la tolerancia no es tan tolerante.

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En una cultura dominada por el secularismo, el relativismo y la tolerancia (al menos tal como se define y aplica liberalmente), no es de extrañar que el cristianismo, con sus afirmaciones de verdad y absolutos excluyentes, sea incompatible con la cultura secular. Cada vez más jóvenes rechazan el cristianismo porque seguir a Jesús significa nadar contra la corriente de nuestro tiempo: el camino es demasiado estrecho y el costo, demasiado alto.

Como seguidores de Jesús, está claro que debemos responder, pero ¿cómo?

1. Responder desarrollando relaciones auténticas. Salir de nuestro gueto cristiano, desarrollar relaciones auténticas con los incrédulos, hacerles preguntas y realmente escuchar. El aislamiento es nuestro enemigo. Necesitamos reintegrarnos a la cultura secular y eliminar las diferencias superficiales que nos mantienen aislados e irrelevantes. La vida de Jesús muestra un delicado equilibrio: ser parte de la cultura sin estar contaminado por ella.

2. Responder cuestionando amablemente las presuposiciones. Ayudarlos a ver cómo creer en Dios es racionalmente sólido, históricamente preciso y filosóficamente congruente. Demostrar que, a diferencia del humanismo secular, nuestra fe tiene una consistencia interna y se corresponde con la forma en que realmente experimentamos la vida.

3. Responder buscando a Dios. Orar como nunca antes hemos orado. Dejar que altere nuestra agenda. Pedir cosas irrazonables y exigir que Dios se mueva de manera poderosa en y a través de nuestra vida, y no dejar de pedir hasta que lo haga.

4. Responder venciendo el temor. Predicar audazmente la cruz, tomar riesgos guiados por el Espíritu Santo y no esperar. Podemos sentir que tenemos todo el tiempo del mundo, pero no es así.

Pablo nos recuerda en Efesios 5: 15–16: «Tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios, sino como sabios, aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos”. (NVI)

El tiempo es corto, y las necesidades son grandes. ¡Es hora de actuar!

Notas

  1. Tom Powell, “More than half of Britons ‘have no religion’, survey reveals,” Evening Standard, September 4, 2017, https://www.standard.co.uk/news/uk/more-than-half-of-britons-have-no-religion-survey-reveals-a3626896.html. ↑
  2. Jason Mandryk, “France,” Operation World, 2018, http://www.operationworld.org/country/fran/owtext.html; Jason Mandryk, “Czech Republic,” Operation World, 2018, ↑
  3. George Barna and David Kinnaman, Churchless (Carol Stream, IL: Tyndale Momentum, 2014), 16. ↑
  4. D. A. Carson, The Gagging of God, (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1996), 37. ↑
  5. Dr. Alex McFarland, «Ten reasons millennials are backing away from God and Christianity,» Fox News, 2017, http://www.foxnews.com/opinion/2017/04/30/ten-reasons-millennials-are-backing-away-from-godand-christianity.html. ↑
  6. Allan Bloom, The Closing of the American Mind, (New York, NY: Simon and Schuster, 1987), 19. ↑
  7. Helen Rittelmeyer, «Moral Relativism, R.I.P.,» The American Spectator, 2012, https://www.theatlantic.com/politics/archive/2016/03/the-death-of-moral-relativism/475221 ↑
  8. Jonathan Merritt, «The Death of Moral Relativism,» The Atlantic, 2016, https://www.theatlantic.com/politics/archive/2016/03/the-death-of-moral-relativism/475221. ↑
  9. D. A. Carson, The Gagging of God, (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1996), 35. ↑

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Los escribí el 2010 y recién a principio de año los di a imprenta.

El libro, con 35 hermosas ilustraciones del destacado pintor Miguel Elías, acaba de ser publicado por Ars Poetica, editorial de Oviedo.

Todos los textos tienen anclaje bíblico y es una muestra más de esta labor de dar a conocer, públicamente, nuestra fe cristiana.

Si alguien desea contar con un ejemplar del libro, puede entrar en este enlace de la editorial: https://www.arspoetica.es/libror/barro-del-paraiso_89113/

imageAlfredo Pérez Alencart con su Barro del Paraíso (foto de José Amador Martín).

SALMO DEL BIENAVENTURADO

La vida está llena de traiciones

y el cuerpo se quema bajo el carbón azul del raciocinio.

Pero ¿dónde se cobija la vida y dónde los huesos calcinados?

La única brújula es el Amor enhebrado

al misterio de la amistad, a la comunión del sentimiento,

a las despiertas pupilas de un linaje que nos consagra

a buscar certezas en la inolvidable cruz del calvario.

Por ignotas regiones alguien leerá el papiro

donde quedó escrito el salmo de la noche más profética.

Por encandiladas memorias crecerá el alfabeto del legado,

dando latidos benignos al rencor de los conjurados

o nutriendo el corazón de quienes elevan oraciones

abrevadas del milenario funeral que rehace a los hombres.

El mensaje columpia su eternidad sobre el circo

de las fieras, sobre las plañideras en revuelo,

sobre la médula o el barro de la fértil resurrección:

somos finitud picoteando en el cosmos

hasta derramar nuestro alígero peso cerca de Dios;

somos parábolas aparecidas con músicas y lágrimas

en días ungidos para ser tránsito hacia nuevas liturgias.

Pero hay falsas monedas y lenguajes macerados

con vinos maléficos. Hay cómplices de iniquidades

o ángeles que nos suben al galeón de la alegría:

somos sed de tiempo y copla sideral de la desazón

que a media voz va rumoreando las intenciones

de la guadaña. Somos carne frágil en un abismo ciego

donde los evangelios ofrecen luz y esperanza.

El alma habita la pleamar de las entrañas y es tanta la vida

con fecundaciones sudorosas o traiciones somnolientas.

Pero aquí se demora el amor por el Cristo del alma,

aquí sigue derramándose su sangre germinal

y sus hechos que son llaves abriendo las puertas del reino.

Valga su gravitante ofrenda inalterable

y sírvanos también la suma de sus bienaventuranzas.

imageContraportada Barro del Paraíso.

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Un fragmento de “Caminar con Dios a través del dolor y el sufrimiento”, de Tim Keller (Andamio editorial, 2019). Puede saber más sobre el libro aquí.

El sufrimiento está en todas partes, es inevitable, y su alcance a menudo nos supera. Si dedicas una hora a leer este libro, en ese tiempo más de cinco niños en todo el mundo habrán muerto por abusos y violencia. Si te dedicas a leer el día entero, más de cien niños habrán muerto violentamente. Pero esa, claro está, no es más que una de tantas maneras de sufrimiento. Miles de personas mueren en accidentes de tráfico o de cáncer cada hora, y cientos de miles descubren que sus seres queridos se han marchado de repente. Es comparable a hacer desaparecer una pequeña población cada día, dejando a las familias y a los amigos devastados a su paso.

No importa qué precauciones tomemos, no importa lo bien que nos hayamos acomodado a una buena vida, no importa todo lo que nos hayamos esforzado por vivir sanos, ricos y cómodos con amigos y familia, y con éxito en nuestra carrera: inevitablemente, algo lo arruinará. Ninguna cantidad de dinero, poder ni planificación puede prevenir que la pérdida, la enfermedad grave, la traición en las relaciones, el desastre económico o un sinfín de problemas más entren en tu vida. La vida humana es mortalmente frágil y está sujeta a fuerzas que van más allá de lo que puedes controlar. La vida es trágica.

imageTim Keller.

Con los años, he llegado a darme cuenta de que la adversidad no solo empuja a la gente a creer en la existencia de Dios. Lleva a los que ya creyeron a una experiencia más profunda de la realidad, el amor y la gracia de Dios. Una de las principales maneras en que pasamos de un conocimiento abstracto de Dios a un encuentro personal con él como una realidad viviente es a través del horno de la aflicción. Como dice la famosa cita de C. S. Lewis: “Dios nos susurra en nuestros placeres, le habla a nuestra conciencia, pero nos grita en nuestro dolor”. Los creyentes comprenden con la mente muchas verdades doctrinales, pero esas verdades rara vez descienden al corazón, excepto por medio de la decepción, el fracaso y la pérdida. Como me dijo una vez un hombre a punto de perder tanto su profesión como su familia: “Siempre supe, en principio, que ‘Jesús es todo lo que necesitas’ para salir adelante. Pero realmente no sabes que Jesús es todo lo que necesitas hasta que es todo lo que tienes”.

Al final, según fue aumentando mi comprensión de la Biblia misma, llegué a ver que la realidad del sufrimiento es uno de sus temas principales. El libro de Génesis comienza con el relato de cómo entraron en el mundo el mal y la muerte. El libro de Éxodo relata los cuarenta años de Israel en el desierto, un tiempo de intensa prueba y dificultad. La literatura sapiencial del Antiguo Testamento se dedica en gran medida al problema del sufrimiento. El libro de los Salmos proporciona una oración para cada posible situación en la vida, y es sorprendente lo lleno que está de gritos de dolor y de duras preguntas a Dios acerca de la aparente aleatoriedad e injusticia del sufrimiento. En el Salmo 44, el escritor observa la devastación de su país y reclama: “¡Despierta, Señor! ¿Por qué duermes? (…) ¿Por qué escondes tu rostro y te olvidas de nuestro sufrimiento y opresión?” (Sal 44:23-24). Los libros de Job y Eclesiastés están dedicados casi en su totalidad a una profunda reflexión sobre el sufrimiento injusto y la frustrante inutilidad que caracteriza gran parte de la vida. Los profetas Jeremías y Habacuc ponen voz apasionada a la queja humana de que el mal parece regir la historia. Libros del Nuevo Testamento, como Hebreos o 1 Pedro, están prácticamente dedicados en su totalidad a ayudar a la gente a enfrentarse a incesantes dolores y problemas, y, por encima de todo esto, la figura central de toda la Escritura, Jesucristo, es un varón de dolores. La Biblia, por lo tanto, habla del sufrimiento tanto como de cualquier otra cosa.

imagePortada del libro.

Echando la vista atrás, Kathy y yo llegamos a darnos cuenta de que la razón por la cual la gente no cree y cree en Dios, de por qué la gente se niega a hacerlo y crece en carácter, de por qué Dios se vuelve menos real y más real para nosotros… es el sufrimiento. Y cuando miramos a la Biblia para comprender este patrón profundo, llegamos a ver que el mayor tema de la propia Biblia es precisamente el modo en que Dios da plenitud de gozo no solo a pesar del sufrimiento, sino a través de él, igual que Jesús no nos salvó a pesar de lo  que soportó en la cruz, sino debido a ello. Y por eso hay una alegría peculiar, rica y conmovedora que parece venir a nosotros únicamente a través del sufrimiento y en medio de él.

Lo que hemos aprendido de estos años de ministerio con “los afligidos” está en este volumen. Simone Weil escribe que el sufrimiento hace que Dios “parezca que está ausente”. Tiene razón. Pero, en el Salmo 34, David cuenta que, aunque siente a Dios ausente, eso no significa que realmente lo esté. Echando la vista atrás a una época en la que su vida había estado en grave peligro y todo parecía perdido, David concluye: “El Señor está cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu abatido” (v. 18).

Escribo este libro porque he descubierto que esto es cierto en nuestras propias vidas.

La entrada Caminar con Dios a través del dolor y el sufrimiento, de Tim Keller se publicó primero en Noticias Cristianas.

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